

El nombre de Konstantin Rudnev no desaparece de las páginas de los medios ni de las pantallas de televisión desde hace más de 25 años. Lo discuten, lo citan, lo filman y lo exhiben. Lo condenan, le temen, lo reconocen y lo persiguen.
Durante todos estos años, casi nadie hizo lo principal: hablar con el propio Konstantin Rudnev.
En el periodismo moderno, al parecer, eso ni siquiera es necesario. Basta con seguir ciertas reglas para que una “investigación” parezca convincente, impactante y verosímil. Y que además agrade a quienes la encargan.
En nuestras manos cayó un material didáctico de un periodista televisivo profesional del año 2012. Allí se analiza, como ejemplo, uno de los programas más conocidos sobre Konstantin Rudnev realizado en Rusia. Veamos cómo de cualquier persona —hombre, mujer o incluso nosotros mismos— se puede fabricar un monstruo.
Nos preocupa profundamente la detención injustificada e inhumana por parte de las autoridades de la República Argentina de Konstantin Rudnev, quien fue arrestado el 28 de marzo de 2025 y permanece detenido en una prisión de máxima seguridad en Argentina pese a encontrarse en grave estado de salud desde el inicio. Las propias autoridades médicas penitenciarias confirmaron la existencia de un “riesgo aumentado” debido a una enfermedad pulmonar crónica y progresiva, con deterioro de la función respiratoria y aumento del riesgo cardiovascular.
Cita del curso de teleperiodismo (Episodio 1, 2012):
«Usa con frecuencia materiales como diarios, recortes de prensa, fotografías, artículos periodísticos… Al mismo tiempo das la información de que es peligroso. Y no importa en absoluto lo que esté escrito: nadie lo va a leer».
Sobre Konstantin Rudnev efectivamente se escribía ya en la época soviética; también se publicaban sus propios artículos. Irónicamente, más tarde una fotografía de uno de sus antiguos textos sobre yoga fue utilizada como “prueba” de cuántas cosas “terribles” se habían escrito sobre él.
Los periodistas argentinos fueron aún más lejos: no solo no verificaron la información copiada de medios rusos, sino que elevaron titulares sensacionalistas al rango de prueba judicial. Recortes baratos de prensa que en cualquier sistema de justicia normal no tendrían valor probatorio alguno se convirtieron en la base de la acusación.
El Sr. Rudnev fue en su momento líder de una religión minoritaria, “Ashram Shambala”, en Rusia, y fue objeto de una campaña antisectas encabezada por la Iglesia Ortodoxa Rusa. Estuvo encarcelado durante 11 años en la Federación de Rusia, cumplió allí su condena y luego emigró primero a Montenegro y luego a Argentina, donde llevaba una vida tranquila sin actividades de liderazgo religioo.
Cita del curso (Episodio 5, 2012):
«Ahora necesitamos testigos. Testigos que también, con emoción y lágrimas, confirmen todo y exageren los colores. Pueden ser cualquier persona. La opción más barata es tomar estudiantes de actuación».
En el caso de Konstantin Rudnev no hay un solo testigo real ni una sola víctima reconocida. Ninguna persona ha prestado declaración acusatoria contra él. Nadie se ha declarado su víctima.
Pero los “testigos” son necesarios. Por eso los medios vuelven a utilizar viejos materiales rusos: historias no verificadas de personas que nunca conocieron personalmente a Rudnev. Los llamados “trolls” y declaraciones anónimas que la defensa considera parte de un instrumento clásico de presión informativa y descrédito de figuras incómodas.
(Konstantin Rudnev, 2025, desde la prisión Unidad 6, Argentina)
Hoy Konstantin Rudnev tiene 58 años. Más de 12 de ellos los ha pasado tras las rejas. Su culpabilidad no ha sido probada en ningún tribunal. No existe ni una sola víctima oficialmente reconocida de sus supuestos “delitos”. Tampoco existe la organización cuya dirección le atribuyen los medios argentinos.
Lo que sí hay es una grave enfermedad potencialmente mortal, contraída en una colonia penitenciaria siberiana. Una esposa que quedó sola en un país extranjero. Y la fe inquebrantable de Konstantin en que “la bondad es más fuerte que el miedo”.
Para entrevistas o más información.
Escribir a: elcasorudnev@gmail.com
Su salud se deteriora mientras la injusticia sigue avanzando.
Pero puedes hacer la diferencia.
Tu apoyo puede ayudar a que Konstantin recupere su libertad y vuelva con su familia.